¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

sábado, 28 de septiembre de 2013

Un arsenal contra el olvido

"El plazo del amor es un instante,
y hay que hacerlo durar como un milagro."

Mario Benedetti.



Todas las historias de amor comienzan desde el desconocimiento absoluto a todos los niveles.

Tras las preguntas del tipo nombre-edad-fechadecumpleaños-signodelzodiaco, se busca cualquier resquicio de semejanza, olfateando como perrillos y caminando en la dirección adecuada según las pistas conseguidas a través de conversaciones a lo "Qué tengo en el coco".

La relación va tomando forma y muchos la enmascaran de amistad hasta adquirir un cierto coraje o seguridad, otra gente es realmente amiga hasta que un día se preguntan por qué no necesitan más personas que los completen. Otras veces solo buscan un rollete y un día se quedan abrazados y ya no se quieren separar nunca más.

Así, a tope, ahí estáis los amantes. Unidos, compartiendo el presente, el pasado y buscando futuros para llevar a medias.

Establecéis fechas conmemorativas: la primera vez que os visteis, la primera vez que quedasteis, el primer beso, el mes, el año.

Buscáis huequitos para veros entre clases, os esperáis a la salida. Hacéis pequeños sacrificios acompañando al otro, os sentís halagados cuando os acompañan a vosotros...

Y pasará el tiempo...

Y pensaréis que todo lo que hacéis con esa persona es mágico. Incluso que tras esa esquina está el mismísimo Callejón Diagón, si vais juntos. Estaréis convencidos de que el C2 va más rápido solo como parte de una conspiración para que esteis menos tiempo juntos, pero ¡oh!, os gusta tanto ese trayecto...

De pronto (tras idas y venidas, broncas y llantos, y peleas y dolor, o incluso así, sin previo aviso para alguno) os daréis cuenta de que ha pasado el tiempo y de que toda esa vida que antes era de dos ahora es de uno. 

O sea, esa vida quedará reducida a la mitad.

Y todo se llenará de preguntas y consistirá todo en averiguar, en saber. ¿Estará solo? ¿Me echará de menos? ¿Qué maravillas estará haciendo? Para aferrarte, no perder ese pool de conocimientos que tanto tiempo tardaste en conseguir. 

Para no olvidar.

Yo pensaba que el olvido era solo una de las múltiples formas de la cobarde falta de fuerza de voluntad, un disfraz soportable para el rechazo. Una capa de invisibilidad que le pones al otro y santas pascuas. 

Y es que los seres humanos somos miopes para abarcar la anchura, la longitud, la altura y las profundidades de esta realidad tan rica en sentimientos.

Porque un día seréis personas sanas y curadas y separadas.

Un día te das cuenta de que esa persona ya no lo es todo, solo un recuerdo lejaaaano hasta el absurdo, y te aseguro que cuesta incluso creer que todo eso ha sido cierto. 

Sí, el tiempo pasa, la vida continúa y ya no sabes nada del otro, quizás porque nunca lo supiste.

Estaréis con alguien, o estaréis solos, cualquier día coincidiréis y descubriréis que aquello tan vuestro ahora es tan ajeno, distante y extraño que...

Quizás hasta os saludaréis. La conversación será incómoda, o quizás sea un reencuentro feliz de horas. 

Luego, uno de los dos dirá "tengo que irme", porque claro, ya no compartís nada, porque esa persona no es la del C2, porque vuestras vidas ya no se entrecruzan. Y os iréis, sabiendo que sois, simple e inexplicablemente, dos desconocidos. 

Pues bien, yo me he dado cuenta de que quien es mágica soy yo y de que las ocasiones especiales las creo yo con estas dos manitas de uñas mordidas y con esta boquita de decir bobadas.

Por ejemplo, ayer mismo le di un autógrafo a una cantante y se ha mostrado más que agradecida. 



Este septiembre me manda tan lejos que no sé ni por dónde empezar a buscarme.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Delirium

"Todas las generalizaciones son peligrosas. Incluida ésta."
 Alejandro Dumas



A mi me gustan los chicos que me da que tienen algo de lo que yo carezco, pero que sin embargo me pertenece.

De hecho, todos a los que miro parecen guardar fragmentos de algo que me concierne, y he llegado a pensar que lo que albergan de forma circunstancial se lo van pasando unos a otros solo para que me vuelva loca. 

Evidentemente, ellos no saben que son poseedores de lo mío, y ¡menos mal!, en su ignorancia convierten la vida en una melodía indefinida, en un movimiento sin tempo, en una burbuja hecha con pajita, en un paréntesis que indica cáliz sinsépalo, en una clave de Luna...

Lo malo es que, pasado un tiempo, eso que era tan visible desaparece, se volatiliza, y aparece gratuitamente en otro, de modo que aquel que me llamaba la atención adquiere la apariencia de solidez y falta de gracia que tienen el resto de las cosas.

Mira, ¿tú sabes qué es un delirio?

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