¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

martes, 25 de mayo de 2021

Los esqueletos


Sus dos ojos negros son
ciudades populosas,
ruido de voces,
desechos químicos.

Y tú buscas refugio en
ciudades populosas,
en ruido de voces,
en desechos químicos.


La necesidad de refugio y sostén es intrínseca al ser vivo. Por eso existen tantos tipos de esqueleto: el endoesqueleto, vertebral o hidrostático;  el exoesqueleto, visible o invisible.

¿Qué es mi esqueleto?, me pregunto. Me pregunto por preguntar. El calcio siempre me ha parecido un elemento de mierda. ¿Qué es el yeso? Calcio, ¿no? Paso de buscarlo pero me suena que el yeso tiene calcio. El yeso se raya con la uña.

Supongo que ser así de blandengues nos ha llevado a las personas a protegernos de la intemperie de muchas maneras. El techo, el abrigo, los abrazos.

En realidad somos sociales por ser blandos. Por nacer un poco crudos. Y, fuera de nuestros úteros, ocurrió la magia en nuestro interior.

Dentro de nosotros, el cartílago se convirtió en hueso, se formaron redes neuronales, se acumuló grasa, se alargaron los huesos, se fortalecieron los músculos. Nuestros ojos dejaron de estar ciegos y nuestras manos comenzaron, con precisión adquirida, a agarrarse a las cosas de nuestro alrededor para prevenir caídas.

Luego, anduvimos solos.

Y arrancamos pieles para que el frío no pudiera con nosotros. Y creamos cascos para prevenir traumatismos. E hicimos hasta rodilleras para los raspones cuando patinas. 

Luego, el exoesqueleto se fundió con el esqueleto interno. Porque, al final, nos pusimos trajes de esquimal y de buceador y de astronauta y, con la seguridad de los ignorantes, nos enfrentamos a lo inhóspito del Polo, del Océano, del Espacio... 

HACEDME CASO gritábamos MIRA QUÉ HAGO nos desgañitábamos como cuando subíamos en el tobogán o soltábamos las manos mientras nos columpiábamos MIRA MAMÁ, MIRA QUÉ HAGO

¿Es el "casito" sostén?, me pregunto ahora.

Pero, sin conocer la respuesta (aun sin haber formulado la pregunta), acudimos a mamá cuando nos hicimos daño y las heridas nos escocieron. Y nuestros amigos nos acompañaron cuando cojeábamos a la enfermería del colegio y, más tarde, a casa cuando no podíamos andar del pedo que llevábamos encima. 

Buscamos sostén cuando las heridas estaban entre las costillas o en algún pliegue cerebral.

Solo tenemos que encontrar el refugio adecuado: ¿qué ojos son los que busco?




Realmente no sé qué hago, si no me apetece escribir (me paso el día escribiendo cosas en las que no creo demasiado, pero SHHH esto es un secreto).