no hay naranja que no sepa amarga
no hay arroz en su punto
no hay restaurantes ni bares que me acojan
no existe una cama blanda
en el mundo
no hay luto
por ningún abuelo
no hay corrección
no hay amor
no hay cuidado
no hay celo
ni siento
mucha alegría ni congoja
y, por supuesto,
no hay alisados de pelo bebiendo cerveza
ya no hay charlas a las tres de la mañana
ni tampoco mañanas de creps y de pereza
no hay discusión
no hay nudo en el estómago
no hay temor
no hay duda
tampoco hay noche que no tenga ganas de irme a dormir
ni besos en la frente
ni películas, ni series
ni siquiera hay fines de semana
no hay excursión
no hay montaña
no hay playa
no hay río
sin ti
no existe un solo amigo
y apenas tengo motivos
para creer en Dios
[aunque Dios exista, y por eso aún le busque
pero ya no le pida nada
más que amnesia
(porque hace tiempo que o no me escucha
o no me quiere dar lo que le pido)]
porque esta es mi desgracia
y es mi único consuelo,
mi última posibilidad;
la única paz,
la única esperanza:
tu recuerdo.