a la ceguera
ya que la
oscuridad siempre ha sido
una compañera impávida.
Un poeta no teme
al abandono:
"Si te llevas una loncha de mi,
tendré algo nuevo que contar."
Un poeta no teme
a la sordera,
ya que el
silencio le ha llevado
a innumerables arcadas de raciocinio.
No.
Un poeta no teme
a nada de esto.
Un poeta
solo teme
que su
corazón se le escurra
aún
lleno
de tinta.
lleno
de tinta.