¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

sábado, 28 de diciembre de 2013

Era músico.

Abre mucho los ojos y me dice que es músico.
 
“Eh, yo soy músico.”
 
Él ya tiene los ojos grandes… Muy grandes y muy oscuros, y me parece que esos ojos van a tragarme en cualquier momento.

Entonces me invade una especie de vergüenza extraña, como si hubiera tenido que saberlo de antemano.

“Ah, no tenía ni idea, lo siento”, le digo, y me da la sensación de que si sigue hablándome después de ese momento me va a estar perdonando la vida.

Y seguimos hablando. 

martes, 17 de diciembre de 2013

- No necesito mediocridad

- Y recuerda que aparte de no necesitar mediocridad tampoco necesitas hombres en tu vida. Eso te alejaría definitivamente de tu objetivo.
+ ¿Tú crees?
- Por supuesto que lo creo. Las relaciones de pareja son frívolas y ridículas. Y no quiero que seas ni una cosa ni la otra. Además, aceptando a un hombre como pareja estarás despreciando tácitamente a todos los demás, quienes tendrán todo el derecho del mundo a sentirse ofendidos y negarte la palabra. Yo ya hace tiempo que sólo hablo a personas solteras y sin compromiso porque las demás demuestran que me desprecian.

(Conversación real, julio de 2010.)


Soy experta en relaciones personales ajenas, analista de miradas y arqueos de ceja, pero he de advertirte que no sé nada de tus manos, ni de tus pasos, ni de caniches con chubasquero o retrovisores eléctricos, que me sorprenden tus sonrisas y tus arruguitas en los ojos, que solo he tartamudeado contigo y que no entiendo de prejuicios, que los tuyos me hacen daño.

Huye sin cargas al límite del mundo.

Yo me mantendré en mi papel de reina Midas.