¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

jueves, 19 de diciembre de 2019

Segundas indagaciones

Un Otro ve en ti algo bello e inmortal(izable), y tú crees y confías en su criterio hasta el punto de dejar atrás el falso mito de ti misma.

Es entonces cuando empiezas a olvidar que te desagrada tu nariz y a permitir que te saquen fotos de lado. ⠀

¿Es el buen querer, dure lo que dure, aunque se acabe, un reflejo del querer de Dios?

miércoles, 14 de agosto de 2019

Las secuelas de un escupitajo

Hoy se cumple un año desde que me pusieron
barro con babas en el ojo.

Y yo lloraba y sudaba
y sangraba
y tenía mocos
y la vista me escocía como nada
y tuve que ir a lavarme entera.

 Pero fue bello ver

Y ver lo que asquea

Y desde entonces soy,
y soy profundamente feliz,
y dolorosamente infeliz,

 por ser un poco menos ciega.

miércoles, 24 de julio de 2019

Desventajas de vivir en un piso compartido.




Sé que es ella
quien apaga el antimosquitos,
quien olvida sacar la basura,
quien no recoge los platos ya secos.

Cada día la interpelo
por todos sus despistes,
y, temiendo haber sido muy dura,
luego le pregunto
sobre su día,
su trabajo,
(y me acerco)
cuál es su bandera,
a qué dioses adora,
qué voces oye en su cabeza.

Y no sabe/no contesta,
o no me escucha.

Porque cada vez que le hablo mira a ambos lados
como si cruzara la calle,
se encoge de hombros,
se hace la tonta.

(Ya veis el percal.)

Finge que no nota
que estoy aquí
(que no sabe que existo)
y yo, mientras,
me encierro en mi cuarto y me quejo
y lloro
de rabia y de impotencia
por no saber
con quién narices comparto mi piso.

Sin embargo soy blanda,
y por eso cada día
retomo el ejercicio
estéril
de intentar conocer a esa
soberana gilipollas
que me mira desde el espejo.

lunes, 11 de febrero de 2019

Primeras indagaciones

Siempre he sabido, en un lugar recóndito de mi interior (donde las palabras son un lastre), que intimar supone exponer mi naturaleza minusválida.



Así que solo me relacionaba con lo que me parecían tuertos.


(No me reconocerían.)




Y aunque me temía que, si en algún momento me acercaba lo suficiente, la mirada de Dios me confirmaría como fraude, Él se ha empeñado en convencerme (mirada a mirada) de que la única ciega soy yo.