¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

miércoles, 6 de mayo de 2020

A día 51

No quiero salir a la calle
no quiero salir de casa:
en la calle no uso el móvil
y no puedo leer tus whatsapps.

¿En el siglo XXI ya no se escriben cartas?

No llega la primavera,
no llega para nosotros:
todo es silencio
            que ensordece
todo es calma
            caótica, 
todo es lodo
            que depura,
todo es muerte,
todo escombros.

Qué es lo que menos me gusta de la cuarentena, a dia 51:
  1. El silencio de gente
  2. Oír las campanas de la iglesia: a en punto, a y media y a las doce y cinco para el Ángelus.
  3. Madrugar para quedarme en casa
  4. Tener que cocinar cada día
  5. Tener que usar geles hidroalcohólicos
  6. Tener que ducharme cuando llego a casa
  7. No poder socializar
  8. No poder usar el móvil en la calle
  9. No poder ir al Centro de Jóvenes
  10. No poder ir al laboratorio

    Qué es lo que más me gusta de la cuarentena:
    1. El silencio de coches
    2. Oír los pájaros y las campanas
    3. Madrugar y quedarme en casa
    4. Poder cocinar cada día
    5. Usar geles hidroalcohólicos
    6. Ducharme justo cuando llego a casa
    7. No tener por qué socializar
    8. Mirar los árboles y los balcones cuando voy por la calle
    9. Escribir cartas al Centro de Jóvenes
    10. No ir al laboratorio

      domingo, 3 de mayo de 2020

      El cinturón de seguridad

      Cuando me enfurruño, me da por creer en voz alta que nos pasamos la vida entre cuatro rejas. Las cuatro rejas del curro, las de las relaciones afectivas; las cuatro rejas de la ley; las cuatro rejas de la Nueva Normalidad...

      Y sufro por esas rejas. 

      Por suerte, no suelo enfurruñarme con frecuencia pero, cuando ocurre, me cansan la vida y la muerte, el quehacer y el ocio, me cansa la gente y me canso yo. Me cansan las rejas impuestas, las autoimpuestas y, si estoy muy quemada, hasta las ineludibles. 

      Aunque no hay que olvidar que, en ocasiones, las cosas que nos atormentan son las que nos impiden caer al vacío.