Cuando me enfurruño, me da por creer en voz alta que nos pasamos la vida entre cuatro rejas. Las cuatro rejas del curro, las de las relaciones afectivas; las cuatro rejas de la ley; las cuatro rejas de la Nueva Normalidad...
Y sufro por esas rejas.
Por suerte, no suelo enfurruñarme con frecuencia pero, cuando ocurre, me cansan la vida y la muerte, el quehacer y el ocio, me cansa la gente y me canso yo. Me cansan las rejas impuestas, las autoimpuestas y, si estoy muy quemada, hasta las ineludibles.
Aunque no hay que olvidar que, en ocasiones, las cosas que nos atormentan son las que nos impiden caer al vacío.

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Abre tu baúl de los recuerdos.