¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

domingo, 3 de mayo de 2020

El cinturón de seguridad

Cuando me enfurruño, me da por creer en voz alta que nos pasamos la vida entre cuatro rejas. Las cuatro rejas del curro, las de las relaciones afectivas; las cuatro rejas de la ley; las cuatro rejas de la Nueva Normalidad...

Y sufro por esas rejas. 

Por suerte, no suelo enfurruñarme con frecuencia pero, cuando ocurre, me cansan la vida y la muerte, el quehacer y el ocio, me cansa la gente y me canso yo. Me cansan las rejas impuestas, las autoimpuestas y, si estoy muy quemada, hasta las ineludibles. 

Aunque no hay que olvidar que, en ocasiones, las cosas que nos atormentan son las que nos impiden caer al vacío.

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