La vida es dura cuando no eres manso y humilde de espíritu: el derecho (y deber) autoimpuesto de "ser" va ensuciando el corazón y, como cuando no barres en varias semanas, de pronto encuentras en la esquina de detrás de la puerta un pelusón al que podrías poner hasta nombre (¿"Orgullo"?).
Por suerte tenemos El Cielo, que nos abre a la idea de vernos de lejos: pequeñas, insignificantes. Pienso en las hormigas, luchando por desplazar una semilla sin imaginarse mínimamente que, para los seres humanos, esa semilla se mueve con un soplido.
Con sentido del humor podemos llegar a reírnos, un ratito, de nosotras mismas y perdonarnos por no barrer y, además, para nuestra desgracia, ser taaaaaan ingenuas de creer que la semilla o el grano de arena son i m p o s i b l e s de mover.
¡Salut, força al canut, y que no nos coman la pelusas!