¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.
Oscar Wilde
viernes, 13 de abril de 2012
Todo.
- ¿Cómo está Europa?
- Sigue en su sitio.
Ah, pues muy bien, ¿qué nos importa Europa? ¡A mi nada!
Debería haber más violinistas en mis transbordos de metro. Y en los buses. Eso sí, si yo tocara el piano, sólo lo haría dentro de un armario.
Tengo lirios con casco que se creen orquídeas.
Si me busco, intento hacerlo donde soy y no donde estoy, y últimamente me encuentro bastante donde Cenicienta perdió el zapato: en las escaleras, y no en ningún absurdo ascensor.
¡EUREKA!, el primer ascensor lo inventó Arquímedes, probablemente en 236. ¿Cómo que "probablemente"?, por qué dicen "probablemente" con un número de tal exactitud? Estúpida Wikipedia.
En los ascensores las conversaciones son estúpidas, no así en las escaleras. No suele haberlas.
Ojalá yo viviera en el sexto piso. Tendría la cháchara más impresionante del mundo con los vecinos.
Las orugas de Leptophobia aripa se convierten en mariposas a una temperatura de unos 23ºC, y siempre hacen ¡¡KABÚM, POP, POP!!, soltando un polvito que luego lo recoges, lo metes en un saco, te lo echas, y vuelas como un dragón.
Malditos colacuernos húngaros, cuánto daño han hecho.
Dicen que los ojos echan chispas a veces. Pero yo he visto ojos hechos de chispas de mil colores, como si el iris hubiera estallado y, claro, cada partícula absorbe el espectro de distinta manera, de forma que luego...
¡¡QUISIERA SER UN PEZ!!
En fin, no sé por qué una tiene la necesidad de explicarlo siempre todo y de relacionarlo todo con todo siempre. Voy a rellenar esta entrada de frases que tengan todo el sinsentido del mundo porque estoy harta de intentar conectarlo todo. Es de todo menos necesario.