QUÉ SABES TÚ...
¿Qué sabes tú, qué sabes tú apartada
injustamente en tu cruel pureza;
tú sin vicio, sin culpa, sin bajeza,
y sólo yo lascivo y sin coartada?
Rompe ya esa inocencia enmascarada,
no dejes que en mí solo el mal escueza;
que responda a la vez de mi flaqueza
y de que tú seas hembra y encarnada;
que tengas tetas para ser mordidas,
lengua que dar y nalgas para asidas
y un sexo que violar entre las piernas.
No hay más minas del Bien que las cavernas
del Mal profundas; y comprende, amada,
que o te acuestas conmigo o no eres nada.
Tomás Segovia
Veneremos el valor del pensamiento
con que Tomás Segovia tiñó una hoja en blanco
mas, amigos, que me aspen si miento,
que no es más que, del machismo, el segundo asalto.
Intentemos saber qué ronda por su cabeza:
una larga pregunta inquisitiva
es lo que comienza la rima
y un imperativo domina
a lo largo de todo el poema:
superioridad, obligación,
una honda pena,
y al final,
no.
"Su majestad" se ha cansado de darle vueltas
y como para él ella no es nada,
y nada le dio,
sola,
ella,
nadando se queda.
Y seguro, que en el punto y final
nuestro tirano galán
no hizo más que pensar:
"todo esto, por estrecha".
¡Cuántas veces te autoengañas,
anónima compañera,
y por mucho que "te quieran",
sea como sea, al final,
sola,
nadando,
te quedas!