¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

miércoles, 26 de agosto de 2015

Los momentos.



A él le encantan los momentos.

Bueno, nuestros momentos.

Para él, nuestros momentos son sagrados. 

No está permitido hacer o decir nada que los rompa.

Suelen ser muy luminosos, de una luz agradable que te cierra los ojos.

Nuestros momentos de él suelen pillarnos muy juntos y muy callados.

Tan juntos y tan callados que apenas nos notamos el uno al otro, no existen lindes.

Somos una unidad taciturna.

No nos unimos, estamos juntos.

Es una muda simbiosis que consiste en, simplemente, respirar.

Respirar.

Y ya.

Siempre que he tenido a alguien tan cerca me he esforzado en acompasar mi ritmo respiratorio al de la otra persona, respirando a la par. Él y algunas clases de fisiología animal me descubrieron que cada uno lleva su ritmo, determinado en parte por el tamaño de los pulmones. Los suyos son enormes, y por eso suele respirar muy lento y muy tranquilo.

Y yo ya no intento adaptarme...

Pero acabo respirando muy lento...

...y muy tranquila.

Tal vez porque soy más nerviosa, a mi me gustan más otros momentos.

Nuestros momentos míos suelen tener ruido, ruido de él riéndose, entre otros. A veces se ríe como si fuera muy adulto y le sorprendiera la gracia que le hacen algunas cosas. Y eso que no es, para nada, una persona seria. A veces su risa va in crescendo, retroalimentándose, y me hace mucha gracia, y me acabo riendo yo también, de la sorpresa que es que a alguien le sorprenda su propia risa.

Otro ruido es la música. A veces, nuestros momentos suyos evolucionan a momentos nuestros míos, y de pronto la unidad deja de ser muda, y canta y baila y se ríe.

(Él siempre consigue hacer globoflexia con las situaciones.)

Cuando se ríe, por entre los poros se le escapa que me quiere y lo contento que está por ello, y eso me cala hasta los huesos y me ablanda por dentro, y me hace dudar hasta de la incurabilidad de mis cicatrices.

Es que a veces todo es oscuro, a veces todo está oscuro... Menos él.