¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

viernes, 23 de marzo de 2018

Me di cuenta

Me di cuenta  de que algo fallaba cuando leí que Virginia Woolf creía que para ser independiente una mujer necesitaba dinero y un cuarto propio.

Escribo esto tumbada sobre el montón de ropa planchada primero y usada después que reposa, provisional pero continuamente, sobre la cama propia que llevo meses sin usar.

Realmente me di cuenta mucho antes. Con cada respuesta indiferente hacia mis intereses. Con cada intervención que me callaba.

Sé que me quiere, no me malinterpretéis, pero me niego a pensar, ahora, que eso es suficiente.

Hace meses que no escribo, de hecho no existe registro de mi existencia de no ser por las fotos que le pido que cuelgue en las redes, como si yo no pudiera hacerlo, como si su firma le otorgase la validez que considero necesaria. Como si así yo misma me creyera más las cosas.

Hoy releía mi blog. La muda de la serpiente. Una vez más, me he sentido como una muda. Escribía por cualquier cosa. Por una mujer en el tren. Por los momentos con él. Por estudiar en la biblioteca. Por la lluvia. Ahora ni siquiera leo. Me lleva meses acabar un libro. Mi letra ahora es más desordenada y redonda,  ¿he vuelto a los años de aprender a escribir?

Me di cuenta cuando pensé: hasta M tiene un hobby. Todos hacen algo. Yo no, no existo. Yo no hago. ¿Dónde está mi huella?

Ya lo percibí en el otro piso, cuando miré la pared y solo vi un altar a mi ídolo. Fotos suyas y mías invadían el muro. No había otra cosa. Sólo él en mi vida.

No me engaño a mi misma: él no me pidió nada jamás. Muy por el contrario, solía ser yo quien demandaba atención constante.

Él solo existía y a mi eso me bastaba.

Y así fue como me olvidé de mi.