Me lo imagino. Fue cuando te sentaste frente a tu pantalla junto a A. y contemplaste tu absurda y vacía vida basada en trozos de acero: trozos de acero atravesando tu piel; trozos de acero con ruedas y manillar; trozos de acero pegados a los microchips de tu ordenador.
Probablemente fue entonces cuando pensaste que escribirme sería una buena idea.