¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

domingo, 6 de noviembre de 2011

Que me de igual el resto.

Intento confundir fin con principio siempre que puedo, aunque a veces me sobran los motivos para dejarlo todo y salir del mundo... Entonces pasaría como en vacaciones, que vuelvo y tengo el cuarto desordenado, y eso no me gusta un pelo. 

Intento no hacer mudanza en tiempo de tormenta, para que cuando mi mente vuelva lo encuentre todo ordenado, limpio y bonito, y no hecho una carnicería como me gustaría dejarlo en ocasiones.

Dejarme ir. Ocuparme de nonsenses, tirarme a la papelera, dejarme ahí quieta, reposando.

Llenar cuadernos escribiendo basura.

Rara, lo que me recuerda que no encajo en ninguna parte y que, probablemente, no lo voy a hacer nunca.

Ilusionarme demasiado, y rápido. Buscarte, encontrarte, adios. Volver a buscarte, y a encontrarte, y a cerrar la ventana, que cada vez que estás sopla el aire, la mirada se me aviva, los rizos bailan y se descolocan, y me da igual.

Buscar el mar por Madrid, y encontrarlo en tus ojos. Cada vez que me asomo, me sonríes, y yo pongo cara de tonta porque me has pillado mirándote. Me da igual.

Quiero a esos ojos. Quiero que me dé igual el resto.

Que tus rizos resulten ser indomables, como los míos.

Que pienses que no soy tu tipo. Que te dé igual el resto.

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Abre tu baúl de los recuerdos.