El otro día buceé en el Mar Muerto, entre la certidumbre de la confusión y la confusión de la incertidumbre.
Era la noche con más luz que había visto,
tanta oscuridad había que las estrellas
brillaban más que de costumbre.
Y por más que me empeño no consigo ver las cosas negras,
gracias a que me das la fuerza
con la que me visto cada mañana.
Gracias porque me has puesto las cosas súper claras,
porque, poco a poco, doy un poco de mí.
Gracias porque no me dejas dormir,
hablándome al oído.
Porque te me acercas siempre sin hacer ruido.
Te veo en todas partes, todo me recuerda a ti.

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Abre tu baúl de los recuerdos.