¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

martes, 6 de febrero de 2024

Buenos días.

 Gracias por haber preservado mi vida durante la noche.


Te pido fuerzas para enfrentarme a este nuevo día en el que, una vez más, tengo que buscarte y encontrarte.

domingo, 4 de junio de 2023

Soy un ser humano.

Estoy en pelotas tumbada en mi habitación nueva de mi casa vieja. En la habitación anterior no entraba el sol directamente, así que he abierto la ventana y subido la persiana para disfrutar de este lujo. Los pájaros cantan fuera. Veo mis tomateras moviéndose con la brisa y me hace ilusión que crezcan y ver cómo van floreciendo, aunque día a día no note el cambio.

La luz que entra me acaricia la barriguilla y el pecho y me da calorcito.

Es el primer día de este año (y creo que desde hace un par o tres) que me desnudo, no como trámite, sino como objetivo en sí mismo, y estoy calentita y cómoda. 

Tengo los pechos pequeños y separados, pero bonitos. Los miro y lo corroboro: no están mal, están bien. A veces me sale un pelo oscuro cerca del pezón izquierdo, y eso me hace bastante gracia, así que no me lo suelo quitar. 

Tengo una barriga normal. Como estoy tumbada, está plana, casi cóncava. Tengo una mancha junto al ombligo que se llama "Manchita".

Tengo la regla, así que estoy encima de una toalla por lo que pueda pasar. Las sábanas son nuevas y no me gustaría estropearlas. 

Tengo las piernas cruzadas, una sobre otra. Los muslos tienen un poco de celulitis. Ya no tengo pelos, porque me encargué hace 6 años de pagar un dineral para que me los destruyeran con un láser de entre 755 nm y 850 nm, según si estaba o no morena. No pudieron quemarlos todos, pero rechacé acabar las sesiones de compensación.

Tengo los pies normales tirando a pequeños. La distribución de los dedos es egipcia, es decir, forman una escalera (no tengo el corazón más largo que el índice), y me gustan así. Las uñas se me deformaron un poco en unas etapas del camino de Santiago que hice hace trece años, pero si me las pinto no me parecen feas. Tengo durezas en los talones que solo me molestan cuando rozo a alguien con ellos.

Tengo el pelo suelto y rizado. Me tapa el pecho derecho. Lo tengo muy oscuro, pero hace tres meses me di unas mechitas que creo que me lo han quemado. 

No tengo muchas cosas más. Soy un ser humano cada vez más desnudo, más quemado y más cómodo.

Voy a darme la vuelta.

domingo, 2 de abril de 2023

Para Espe

Primero que todo: feliz cumple.

Te doy esta carta para regalarte algo para tu cumple, porque la figura de cerámica no va a estar lista para el domingo. Pues para que no veas que es un farol o que soy un soso te doy esta carta.

Bueno, ya cambiando de tema, feliz cumple. Ya con 30 años el tiempo no perdona; da igual lo que hagas, nunca se detiene, el tiempo. Yo la verdad es que lo dudo, llegar a los 30. Y, sinceramente, yo no te veo que tengas esa edad, ni física ni mentalmente. No sé, cuando hablo contigo pienso que tienes mi misma edad, porque haces tonterías con nosotros y cuando hablamos digo en mi cabeza "ella miente en su edad, tiene menos de lo que dice tener".

No sé qué pasará con nuestra "amistad" cuando salga, si me seguirás hablando o qué, pero de mi parte siempre vas a poder contar conmigo. Como si es que un día estés mal, pues me podrás llamar y yo iré con una pizza: por lo menos, si lloras o lloramos, después comer pizza. No sé si te gusta la pizza, pero a mi me gusta y si te gusta a ti, de puta madre. O como si un día quieres salir de fiesta y ninguno de tus amigos puede: pues me llamas y salimos a bailar y a tomar un rato. O como si un día quieres tomar un café y poner verde al que te dice en el trabajo que no eres maja: da igual que yo no lo conozca, lo pongo verde yo también. Yo creo que me hice entender: que me tienes para lo que sea, ya lo podrás ver, que no se me da bien hacer cartas. Vaya puta mierda esta carta, pero te la voy a dar igual. 

Haciendo esta carta me siento como un niño de 12 años que le hace una carta a la chica que le gusta y se la pone en su mochila jaja. Como podrás ver, esta carta está siendo del tirón, no es que hice veinte mil cartas anteriores, te pongo lo que siento y lo que pienso, así de auténtico soy jaja (Bueno, estoy viendo que soy gilipollas.)

Gracias por estar ahí cuando quiero hablar con alguien. Por ejemplo este lunes, sabía que ibas a ir y, como te dije, falté a cocina para verte, y creía más conveniente que tú supieras la verdad, y si ves cambios en mi actitud en la Misa o en las actividades supieras por qué es. Porque tú y la Elena son las que mejor me caen, y vosotras dos sí que os merecéis una explicación. Y, bueno, a veces me parece injusto que, con el poco tiempo que podemos hablar, yo casi siempre te cuente mis problemas y no dé tiempo para tú comentar los tuyos. Porque sé que siempre vienes con una sonrisa, pero veo que algunas veces no estás bien, o bueno, eso creo.

También, gracias por esos abrazos. La Elena lo sabe, y no sé si tú sepas, que desde que entré acá no me gusta el contacto físico (abrazos y más), pero contigo es como uff, un corto sircuhito o como se escriba. No sé si me hago entender, pero es como que tus abrazos están bien, y este lunes cuando me diste un abrazo fue como "qué cabrona, parece un koala cogiendo su rama de eucalipto". Pensé: "qué cabrona, para ser tan pequeña, flaca y no vaya al gym, abraza fuerte".

Bueno, voy dejando esta carta porque estoy diciendo más gilipolleces jaja, feliz cumple, que cumplas muchos más y gracias por todo, eres la mejor.

PD: perdón por mi ortografía.

sábado, 7 de enero de 2023

por tu recuerdo (ii)


no hay naranja que no sepa amarga
no hay arroz en su punto
no hay restaurantes ni bares que me acojan
 
no existe una cama blanda
en el mundo

no hay luto
por ningún abuelo

no hay corrección
no hay amor
no hay cuidado
no hay celo

ni siento
mucha alegría ni congoja
y, por supuesto,
no hay alisados de pelo bebiendo cerveza
 
ya no hay charlas a las tres de la mañana
ni tampoco mañanas de creps y de pereza

no hay discusión
no hay nudo en el estómago
no hay temor
no hay duda
 
tampoco hay noche que no tenga ganas de irme a dormir
ni besos en la frente
ni películas, ni series

ni siquiera hay fines de semana

no hay excursión
no hay montaña 
no hay playa
no hay río

sin ti
 
no existe un solo amigo
 
y apenas tengo motivos
para creer en Dios
 
[aunque Dios exista, y por eso aún le busque
 
pero ya no le pida nada
más que amnesia 
(porque hace tiempo que o no me escucha
o no me quiere dar lo que le pido)]

porque esta es mi desgracia
y es mi único consuelo,
mi última posibilidad;
la única paz,
la única esperanza:
tu recuerdo.

viernes, 11 de febrero de 2022

Subirats, 3 de octubre de 2021

+ Subirats, 3 de octubre de 2021

Esperanza:

¿Quién te iba a decir a ti que hoy estarías delante de una Hostia Consagrada, llorando como una madalena, con tu pelo rizado, sintiéndote tan querida y rodeada de gente tan ajena, hace 10 años? ¿O hace 4? ¿O en 2018?

¿Cómo es de trepidante esta montaña rusa a la que hemos subido, juntos, aunque te pensaras que ibas sola porque a ti te daba la gana? La última vez que escribiste una carta así, vivías en Madrid y creías tener fe, te gustaba y pediste y exigiste salir con un chico por capricho y ¿ves?, yo me he valido de esta debilidad tuya por los chicos para traerte hasta aquí, para ponerte delante de mi y decirte, en circunstancias que se escapan por completo de tu "buen" gusto y tu forma de hacer, que te quiero, que eres mía y oveja de mi rebaño. Que si existe en ti el anhelo de amar bien y servir bien es porque eres como yo, porque yo te he amado y servido antes, antes incluso de que me pusieras cara, cuerpo y todos los nombres que sabes que tengo.

¡Cuántas veces te has sentido sola (como yo), pero tú por cabezota, y ni tú ni yo estándolo!

¿¡De cuántos abrazos míos te habrás escapado!? ¿Cuántos abrazos sin apretar has dado a muros, o tú siendo un muro? Casi todos. Todos.

Pero yo de tu tozudez (llámalo tenacidad si quieres, puede ser una virtud en Mi) me he valido para domesticarte.

Lo arisca que eres solo hace que quiera abrazarte más y más, y veo que como gato me arañarías y morderías, pero a mi me da igual todo ya.

Todo lo que crees querer y haber querido, todo, se queda corto al lado de lo que vamos a querernos tú y yo, si tú te dejas. No has escrito una carta de amor, no has puesto en orden tus ideas como esta vez, porque el amor humano no es nada, desaparece, encoge, muta, se derrite, se apaga, se desvanece, es digerido y desechado, pero al amor de la Hostia consagrada a la que no miras por miedo tanto a enamorarte como a no sentir nada, lo supera todo, y al lado de ese trocito de "papel" insípido, blanco, que te da igual, la humillación no es tal.

¿Qué es la humillación, sino la ruptura de tu propio orgullo frágil, del falso mito de ti misma? ¿La "humillación imperdonable de la excesiva intimidad"? No vayas de puta ni de monja, no es real que te entregues de ninguna de las dos maneras. Tus entregas solo han sido sinceras cuando me has pedido ayuda, incluso aunque el amor no fuera perfecto y las entregas fueran incompletas. 

Querer de verdad; amar, aceptar, soportar, disculpar, solo es posible desde abajo, desde la caída, desde la cruz. ¿Qué es eso de amar desde un podio? ¿Quién te pone medallas por comedores y prisiones? ¿De qué están hechas esas medallas? La medalla es el rasguño, la herida, las ampollas del camino: de la carrera. La medalla es decir LO HE DADO TODO, porque, además, así es como no te hacen daño: porque amas siendo tú libre y aceptando y deseando que el Otro también lo sea. No esperes más de los chicos. No esperes más de los amigos. No esperes de tu familia. Espera más de mi. Dámelo todo a mi. Yo llevo la Cruz de tu tesis, que no te la has buscado tú: yo la he querido así para que subas la montaña y al llegar al final veas el paisaje, veas tus ampollas, veas a tu Madre, la Virgen, con la golondrina en la mano (no un águila: una golondrina, migratoria) y digas: QUÉ MARAVILLAS HAS HECHO con una persona que es tan fofa que en su vida pocas veces subió andando al 2º piso de Menorca 6.

El podio, Esperanza, es la montaña. La meta, Esperanza, son las ampollas. Todo marca pero se cura, todo duele pero se pasa; yo soy lo que no pasa nunca y la promesa que hice a tus padres, y la que me hicieron ellos, no caduca y no hay prórroga: es eterna y no es un favor, es la realidad, la Verdad, la Felicidad y la Paz. 

Yo primero, el Mundo después. 

Tú primero, el mundo después.


"por el madero, ha llegado la Salvación al mundo entero".

lunes, 8 de noviembre de 2021

Las condiciones, las etiquetas y los poliedros achuchaos.

Condicionar, limitar una relación a una sola de sus muchas caras, es aplastar el poliedro.

La interacción entre personas, polifacéticas, da lugar a multitud de puntos de contacto, de planos de contacto (si todo va bien y esos puntos están en la misma recta). Etiquetar, referirse a una relación con un nombre que no recapitula todo el mosaico que se genera al colocar al mismo nivel cada uno de estos planos, no hace sino doblegar, restringir, "anular" muchas de las realidades fruto de las coincidencias. La concreción nominal puede limitar el desarrollo personal y relacional.

Por otro lado, lo que parece ideal, que es coincidir en un plano de forma completa, implica la pérdida de aristas, por la compartición de absolutamente todos los puntos. Siendo, como somos, como poco tridimensionales (yo creo que somos al menos tetradimensionales), esa planicie anula nuestro crecimiento en paralelo.

A menos que el plano de unión tenga un sustrato edificante, y no anulador por ser (por ejemplo, se me ocurre) magnético en extremo.



sábado, 23 de octubre de 2021

La desaclimatación

La estabilidad del medio interno es condición indispensable para la vida libre.

Claude Bernard, fisiólogo francés del siglo XIX



¿Será posible reacostumbrar esta nariz discapacitada a la lejanía de olor, estos ojos inquietos a no revisar pecas, esta lengua torpe a no repetir expresiones y esta piel áspera a la falta de roce?

martes, 25 de mayo de 2021

Los esqueletos


Sus dos ojos negros son
ciudades populosas,
ruido de voces,
desechos químicos.

Y tú buscas refugio en
ciudades populosas,
en ruido de voces,
en desechos químicos.


La necesidad de refugio y sostén es intrínseca al ser vivo. Por eso existen tantos tipos de esqueleto: el endoesqueleto, vertebral o hidrostático;  el exoesqueleto, visible o invisible.

¿Qué es mi esqueleto?, me pregunto. Me pregunto por preguntar. El calcio siempre me ha parecido un elemento de mierda. ¿Qué es el yeso? Calcio, ¿no? Paso de buscarlo pero me suena que el yeso tiene calcio. El yeso se raya con la uña.

Supongo que ser así de blandengues nos ha llevado a las personas a protegernos de la intemperie de muchas maneras. El techo, el abrigo, los abrazos.

En realidad somos sociales por ser blandos. Por nacer un poco crudos. Y, fuera de nuestros úteros, ocurrió la magia en nuestro interior.

Dentro de nosotros, el cartílago se convirtió en hueso, se formaron redes neuronales, se acumuló grasa, se alargaron los huesos, se fortalecieron los músculos. Nuestros ojos dejaron de estar ciegos y nuestras manos comenzaron, con precisión adquirida, a agarrarse a las cosas de nuestro alrededor para prevenir caídas.

Luego, anduvimos solos.

Y arrancamos pieles para que el frío no pudiera con nosotros. Y creamos cascos para prevenir traumatismos. E hicimos hasta rodilleras para los raspones cuando patinas. 

Luego, el exoesqueleto se fundió con el esqueleto interno. Porque, al final, nos pusimos trajes de esquimal y de buceador y de astronauta y, con la seguridad de los ignorantes, nos enfrentamos a lo inhóspito del Polo, del Océano, del Espacio... 

HACEDME CASO gritábamos MIRA QUÉ HAGO nos desgañitábamos como cuando subíamos en el tobogán o soltábamos las manos mientras nos columpiábamos MIRA MAMÁ, MIRA QUÉ HAGO

¿Es el "casito" sostén?, me pregunto ahora.

Pero, sin conocer la respuesta (aun sin haber formulado la pregunta), acudimos a mamá cuando nos hicimos daño y las heridas nos escocieron. Y nuestros amigos nos acompañaron cuando cojeábamos a la enfermería del colegio y, más tarde, a casa cuando no podíamos andar del pedo que llevábamos encima. 

Buscamos sostén cuando las heridas estaban entre las costillas o en algún pliegue cerebral.

Solo tenemos que encontrar el refugio adecuado: ¿qué ojos son los que busco?




Realmente no sé qué hago, si no me apetece escribir (me paso el día escribiendo cosas en las que no creo demasiado, pero SHHH esto es un secreto).

martes, 10 de noviembre de 2020

La Indulgencia

La vida es dura cuando no eres manso y humilde de espíritu: el derecho (y deber) autoimpuesto de "ser" va ensuciando el corazón y, como cuando no barres en varias semanas, de pronto encuentras en la esquina de detrás de la puerta un pelusón al que podrías poner hasta nombre (¿"Orgullo"?).

Por suerte tenemos El Cielo, que nos abre a la idea de vernos de lejos: pequeñas, insignificantes. Pienso en las hormigas, luchando por desplazar una semilla sin imaginarse mínimamente que, para los seres humanos, esa semilla se mueve con un soplido.

Con sentido del humor podemos llegar a reírnos, un ratito, de nosotras mismas y perdonarnos por no barrer y, además, para nuestra desgracia, ser taaaaaan ingenuas de creer que la semilla o el grano de arena son  i m p o s i b l e s  de mover.

¡Salut, força al canut, y que no nos coman la pelusas!

viernes, 21 de agosto de 2020

La descomposición perceptible

El estado de alarma duró 99 días.

Mi aislamiento completo duró 59. Lo sentí tan largo, que, cuando por fin pude salir de casa e interactuar, mi cuerpo había olvidado cómo mantener conversaciones con más de una persona. La vuelta a la rutina del trabajo no fue mucho mejor: durante un par de meses padecí llantinas diarias (cada vez que alguien preguntaba "qué tal") y una sensación de asfixia casi constante. Y es que, como Alicia y la Reina Roja, corría hasta sacar el hígado por la boca para llegar a alguna parte pero, paradójicamente, no me movía del sitio. Y sentía que quizás algo dentro de mi se estaba desgastando de más, quizás para siempre.

En julio del año pasado escribía en esta foto de instagram que andaba "descomponiéndome a un ritmo imperceptible". Creo que sigue sin notarse, pero siento que este curso ha acelerado el proceso cosa loca. Una amiga dice que "el cuerpo es una maquinita" y también va en declive, ¡lo que me faltaba! Quizás es que he tenido más tiempo para mirarme fijamente en el espejo del baño, pero lo que antes era alguna cana suelta por mi melenón ahora son manojitos de "hilos de Luna", como María las llama elegantemente. La piel de mi cara está más manchada, del sol que me da en el camino al laboratorio, pues mi (leve) hipocondría y (elevado) sentido de la responsabilidad impiden que coja el metro con mucha frecuencia, y ahora resulta que he retomado la bicicleta. Como llevaba cinco años sin darle a un pedal y 60 días haciendo una media de 700 pasos al día, mis articulaciones se han resentido; además, en un episodio mi zona genital decidió ser hogar de un hongo que me tuvo una semana dolorida y molesta.

Huelga remarcar que noto más arrugas junto a los ojos.

Hasta aquí la revisión de mis descomposiciones. 

Ahora viene lo bueno.

Y lo bueno es que tengo muchas cosas que no pueden descomponerse, como mi gusto por las personas aunque no sepa mirarlas o escucharlas. También hay algunas que se han ido recomponiendo tras la descomposición: ya no temo correr quieta pues sé que llegaré a algún lado, quizás a la conclusión de que no quiero moverme.

Y luego están las mejores cosas de todas las que poseo: las que siguen conmigo a pesar de que me haya descompuesto... 

...Y Dios, que me ha acompañado todo el tiempo, aunque escondidísimo (aún sigo enfadada con Él por no dejarme verle), y sigue conmigo quizás precisamente porque sabía que yo me creería descompuesta.