¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

lunes, 3 de octubre de 2011

Las Verdades.

Son flores que brotan en marzo, son melocotones de piel suave, son gotitas de agua pulverizada en la terraza del Círculo de Bellas Artes.

Son miles de olores al pasar por la floristería, son brisitas de aire fresco al lado del mar, son bombillas en los árboles en días de Navidad y son tartas de San Marcos.

Son las torrijas de mi padre de todos los años, son higos dulces con azúcar brillante, son anillos de diamantes y son dos ojos marrones que me miran.

Me gustan las verdades que no suenan a mentira, porque son paseos por la calle Hermosilla, son piedras blancas y olas azules, son semillas de tomate bien plantadas.



Son callejuelas adornadas, son piruletas de fresa después de una inyección, son días sin cole por culpa de la nieve.

Son todos los días que llueven, son los ojos curiosos de un recién nacido, son los abrazos que le doy a mi hermano y son los besos que mi madre ha recibido.

Son como agua de mayo. Son refranes en un buen momento.

Son música para mis oídos. Son bailes de fin de curso en pelis americanas. Son Renato Carosone y George Harrison, son los Beatles y Maldita Nerea.

Me bebería las verdades como agua, porque saben mejor que el pan con mermelada y el chocolate con churros.

Me gustan las verdades que no suenan a mentira.



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Fecha original: julio de 2010.
El porqué de este texto: estaba muy contenta porque había descubierto una "verdad" que me hacía feliz. Resultó ser mentira. Desde entonces, soy una escéptica de los pies a la cabeza.

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