Querido D.
Solo escribo para que recordemos un poco este 8 de febrero. En realidad creo que no quiero recordarlo, y sé que no lo vas a leer. O sí, igual ya sí.
El 8/2 es un día importante. Hoy quedan 327 días para finalizar el año, y es el aniversario de muchas cosas. Hoy Constantino III se convirtió en coemperador del Imperio Romano de Occidente. Hoy un médico de Salem inició los juicios contra las brujas. Hoy Napoleón derrotó a las fuerzas rusas, nació Julio Verne y las tropas franquistas conquistaron Málaga y huyó Lluís Companys, Isabel II fue proclamada reina de Inglaterra y se secuenció por primera vez el genoma de un animal extinguido.
Hoy yo estoy como siempre, con la cabeza en las nubes y los pies en el fango.
Hoy he decidido que lo olvidaré todo, "viviré bajo el suelo y me vestiré con beicon" (Lluvia de albóndigas, 2009).
Solo voy a hablar de ti dos veces más. Elijo dos y no una porque desde que te conocí me da miedo la soledad, el punto muerto y el de no retorno.
Lo cierto es que desde que te conocí le temo a muchas cosas.
Tengo miedo a las alturas. Tengo miedo a estar sola y a la gente. Tengo miedo a ser poco y a ser prescindible; tengo miedo a crecer, miedo al rechazo, al trabajo, a la pareja, a la hipocresía, porque en los días soleados también pasan cosas horribles; miedo a las mentiras disfrazadas de verdades.
Tengo miedo al miedo, a la desesperanza, miedo a no controlar lo que siento, miedo a la enfermedad física y mental, miedo a los exámenes de Historia, a las náuseas, a vomitar, a los macarrones con queso.
Tengo miedo a intentar contarlo y que me cuelguen el teléfono, o la ventana, o la puerta, o el oído; miedo a las llamadas del 112, a las pastillas para la tos, miedo a la Fuerza de la Gravedad, a la del Mal, a la del Sufrimiento; miedo a la falta de fe, de familia, de amigos. Tengo miedo de estar sola y de hacer daño. Tengo miedo de estar sola, tengo miedo de estar sola, tengo miedo de estar sola, tengo miedo de estar sola, tengo miedo de estar sola.
No quiero tener frío. Tengo miedo de mi corazón, de mis sueños, de mis ganas de ganar, miedo de las cosas buenas, que siempre se acaban, miedo de tener otra vez 17 años mentales, miedo de que la gente se rencarne en vida.
Miedo a que me den la espalda. Miedo a todo, miedo a nada.
¡No quiero recordarte! Y sin embargo…
Me quiero de vuelta. En realidad también tengo miedo de querer, porque nunca pasa lo que quiero.
Quiero elegir lo que y a quien quiero.
No quiero recordarte.
No quiero recordarte.
Vale. No te recuerdo.
¿Por qué solo llora mi ojo izquierdo? Quizás porque es el lado de las cicatrices.

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Abre tu baúl de los recuerdos.