R. P. odia la Nieve porque es fría y J. P. la define como “impersonal”.
Sí. La Nieve es pálida y fría, y viene porque ella quiere, no porque se le pida. Suele gustarle lo alto, lo inaccesible.
A veces va a Mallorca a tomar el sol. Como este año.
Ama los contrastes de temperatura, por eso a veces se mete entre la ropa. Le gusta que jueguen con ella, que la conviertan en persona y la abracen, pero ella no suele hacerlo porque no puede. Demasiado fría, demasiado dispersa.
A veces besa en las mejillas, en los labios. A ella la besan poco. Demasiado dispersa, demasiado fría.
A veces la gente tiende la mano para recogerla; suele caer fuera.
Le gusta llevar la contraria, y ver furtivamente a niños tomando chocolate caliente en casa.
Ella siempre está fuera. No le importa solo mirar, pero a veces le da envidia la calidez. Es que nadie se queja de las chimeneas, pero de ella sí y realmente no tiene la culpa de ser fría. Es cierto que a veces hasta lo potencia, pero en verdad no se puede contener. Tampoco puede descontenerse.
La Nieve es delicada y tranquila. En Madrid siempre es así. Dicen que a veces, en otros sitios, está furiosa y revuelta, y ruge, y la gente se asusta, y se mueren del miedo; es que la Nieve tiene mucho carácter. Tiene una doble cara. Eso dicen. Yo nunca he visto su cara fea.
La Nieve es maleducada a veces, y viene sin saludar y se va sin despedirse. Nunca la he visto aparecer ni desaparecer. Simplemente estaba o no estaba.
La Nieve a veces se queda en casa. Sus mejores amigos son los tristes. Está con ellos, y en cantidad, porque muchas veces sus ojos reflejan el sol y parece una cascada de diamantitos. Le queda genial el Sol.
La Nieve tiene tirabuzones en el pelo para que se le enrede en los árboles como el espumillón. No se lo alisa nunca, ¡no puede!, se fundiría.
La Nieve siempre escucha la banda sonora de Forrest Gump en su casa, el tema principal. Le encantaría saber tocar el violín, pero sobre todo el piano, porque es el idioma del corazón. Pero no puede. Siempre está demasiado dispersa.
R. P. odia la Nieve porque es fría y J. P. la define como “impersonal”.
A mi me da pena que piensen eso. La Nieve es fría porque tiene que ser fría. Si fuera tibia no formaría copos. No parecería hecha de diamantes con los que desayunar.
Lo que sí que es cierto es que la frialdad se cala hasta los huesos y te insensibiliza. E. R. dice que la muerte por congelación no está tan mal, siempre llega un punto en el que dejas de sentir. Te olvidas del dolor y simplemente te quedas dormido. No sé, todavía no me ha pasado. Pero seguro que duele menos que cuando los pies pasan de frío a caliente bruscamente.
“Con los pies fríos no se piensa bien.”
En verdad, amo los contrastes de temperatura.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Abre tu baúl de los recuerdos.