¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

sábado, 11 de febrero de 2012

Lo odio!

 
Si hay algo que odio, es apegarme demasiado a las personas. A mi es que me han dado por todos lados y cada vez que entablo una relación especial con alguien, el pánico se aferra a la boca de mi estómago y me desequilibra. A mi es que me han dado por todos lados.

También odio cuando me equivoco con la gente. Cuando confío y… Erratum. También odiaba cuando me equivocaba con la gente. Cuando confiaba, cuando ponía la carne en el asador y salía chamuscada yo.

Odio apegarme demasiado a las personas. Cuando lo hago, salgo chamuscada. Lo hago mucho.

Me apego demasiado a las personas, y me fallan. Esto es una regla. Me gusta tener reglas. Me encanta que reglas de este tipo se infrinjan.

Me apego demasiado a las personas, y eso que mi contacto físico suele ser nulo.

Hace años que ningún calor puede con mi frío… Y es por eso que ya nunca lucho pero, ¡qué bonito es cuando no me rindo!

La verdad es que siempre he sido muy cobarde… Pero ahora, en realidad no me apetece fingir, no sé, ya no.



Soy muy cobarde, y ahora más. Oóspora, coraza protectora. Las condiciones han sido adversas durante mucho tiempo, y cuando son favorables no puedo quitarme la armadura, maldito boomerang, qué horrible ser cazada queriendo ser cazadora.

Las navajas traspasan las cazadoras aunque sean de cuero duro.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Abre tu baúl de los recuerdos.