Me gustaría hablar la lengua de los ojos, y de las libélulas, verdes.
Me gustaría entrar en ti por tu mirada, y leerte de arriba abajo. Despacio. Sin prisa. Con el Claro de Luna de Debussy de fondo, porque suena a cristalitos de colores cayendo sobre un cojín de terciopelo.
Me encantaría traducirme y entenderme, saber qué mierdas quiero, qué busco. Así sabría si quiero traducirte a ti. Y si lo hiciera sabría qué quieres exactamente, y ya sabría algo más que tú no sabes, y te lo contaría, y te encantaría.
Si entrara en ti por tu mirada dejaría de esconderme. Me pondría roja solo porque una vez me dijeron que me queda bien, y yo quiero quedarme bien. Además así me parecería al anochecer.
Compartiríamos más, viajaríamos como locos. Nos bañaríamos en ombligos limpios. Buscaríamos constelaciones en los lunares de la espalda. Uniríamos los puntos y el piano sonaría siempre. La bioquímica nos daría igual, y mandaríamos al diablo la botánica, salvo las raíces. Las meteríamos en cajones y reposaríamos en ellas.
A lo mejor conseguiríamos algún silencio alguna vez, a lo mejor podríamos llegar a entendernos sin hablar. Y creo que aunque pudiéramos seguiríamos hablando y nos seguiríamos interrumpiendo, y cada conversación sería aún mejor que la anterior, y nos entusiasmaríamos cada vez más, y llegaría un punto de éxtasis en el que hablaríamos los dos a la vez y lo entenderíamos todo y ¡no habría necesidad de callarse!, porque nos estaríamos escuchando a pesar del ruido propio y a pesar del ruido ajeno. Polisíndeton.
A lo mejor dejaríamos de contar historias, o a lo mejor contaríamos más, o distintas; a lo mejor encontraríamos otro idioma al que tendríamos que traducirlo todo. A lo mejor inventaríamos nuevos verbos, a lo mejor encontraríamos nuevos significados a palabras viejas, a lo mejor descubriríamos formas distintas de pronunciarlas.
Con suerte aprenderíamos a tocar todos los instrumentos del mundo y así tendríamos otra manera de hablar sin decir nada. Y diríamos cosas tan bonitas que lloraríamos de la emoción y las lágrimas se nos congelarían por el camino, y serían diamantes, diamantes salados, y se las echaríamos al café del desayuno. Nos encantarían el café solo y el zumo de naranja y el de melocotón y el de piña y el de uva y el de limón y la mermelada de fresa, y la de frambuesa y la de albaricoque y la de ciruela y la de tomate y todas las mermeladas del universo, y nos pasaríamos el día comiendo fruta, cada día de un color.
Todos los días serían estupendos porque pintaríamos las paredes de verde y contrataríamos una nube grande y mullida, y nos daría igual que no quisiera nevar, porque podríamos saltar sobre ella y hacer volteretas laterales y triples tirabuzones, y nosotros mismos seríamos la Nieve porque seriamos suaves y nos contagiaríamos de color blanco.
Si entrara en ti por tu mirada, no saldría nunca.
No soy nerviosa, ¡¡estoy viva!!
Original: 22 Enero 2012


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