¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

viernes, 30 de diciembre de 2011

Todo lo alcanzarás, solemne loco... Siempre que lo permita tu estatura.

No sé escribir... ¿Por qué me empeño, necio,
en forzar a mi pluma, si la fuerza
sólo ha de producir vacías frases
que nunca dicen lo que el alma piensa?


No sé escribir... ¿Por qué, entonces, le ofrezco,
insensato, esperanzas a una idea,
que luego en el papel, pensada hermosa,
es dura y fría y retorcida y seca?


Quise decir... ¡no sé!, que te quería,
que me gusta decirlo, que me pesa
el no habértelo dicho, que te miro...
y no acierto a decir lo que quisiera;
que, a veces, pienso tanto que la mente
se sume en una estúpida pereza,
y entonces, sin pensar, tan sólo siento
un extraño pesar, una honda pena.


¿Será que, entonces (¡la razón dormida!)
el alma sufre porque estuvo muerta?
¿Será que solamente el pensamiento
es rey que tiraniza mi existencia?


Si dejara sentir a mi alma libre,
olvidada de juicios y de ideas;
si dejara “sentir” a mi cerebro,
y el corazón, de par en par las puertas,
gobernara la marcha de mi vida...


Tal vez pudiera, ¡sí!, tal vez pudiera,
olvidando temores infundados
y ahogando en mí la voz de la prudencia,
comenzar una vida que hoy no vivo
porque mi corazón no manda en ella.


...Y entonces te diría en voz muuuy baja,
como se dicen las Verdades serias,
como Amor se estremece en otros labios...

... ¡Pero no lo diré! Y ésa es mi pena


José María de Horna 




martes, 27 de diciembre de 2011

Aurea Mediocritas


De cuando una mezcla de cosas mediocres da lugar a algo extraordinario. (Ionut Florin, 2011)

 Amanece en Camden Town. El cielo madura al tiempo que un pájaro en movimiento presta sus alas al sol. Le ruborizamos. Abro el periódico y leo. Esto es un mundo de locos, pienso, y en el vagón de al lado, un pirado haciendo “beeh”. Se cree cabra, es una cabra, y yo me cansé hace tiempo de educar ovejas negras.

 
Grosera melodía que continúa noche y día haciendo de lo malo, bien, y tergiversando palabras del color de las hormigas, del corazón de la Soqui, del color de las semillas de amapola (Mac), y del color de mi pelo negro, o más bien marrón oscuro… Todo es verdad, lo juro, que aunque yo ya esté bien siempre vuelves a aparecer en lo extraño de mis sueños…  Dejemos de hablar de eso, que parece que porque me tiña la cara de verde ya soy la bruja del Oeste.

Viví al Oeste, hasta que me harté de verte bien. Es que tengo astigmatismo, miopía, hipermetropía y todo lo que se puede tener. No, ya no te veo nada bien.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Y los marineros tomaron el barco

"A medida que vamos viviendo vamos siendo atrapados y desgarrados por diversas trampas. Nadie escapa de ellas. Algunos incluso viven con ellas. La idea es darse cuenta de que una trampa es una trampa. Si estás en una y no te das cuenta, estás acabado. Yo creo que he reconocido la mayoría de mis trampas, y he escrito sobre ellas. Por supuesto, no toda la escritura consiste en escribir sobre trampas. Hay otras cosas. No obstante, algunos dirían que la vida es una trampa. Escribir te puede atrapar. Algunos escritores tienden a escribir lo que ha complacido a sus lectores en el pasado. Entonces están acabados. La vida creativa de la mayoría de los escritores es corta. Oyen los aplausos y se los creen. Sólo existe un juez definitivo de la escritura, y es el escritor. Cuando se deja llevar por los críticos, los directores editoriales, los editores, los lectores, está acabado. Y, por supuesto, cuando se deja llevar por su fama y su fortuna, lo puedes tirar al río con la demás mierda.

Cada nueva línea es un comienzo y no tiene nada que ver con ninguna de las líneas que la han precedido. Todos empezamos desde cero cada día. Y, por supuesto, no tiene nada de sagrado. El mundo puede vivir mucho mejor sin escritura que sin fontanería. Y en algunos lugares del mundo hay muy poco de ambas cosas. Claro que yo preferiría vivir sin fontanería, pero yo estoy enfermo.

Nada impediría a un hombre escribir a menos que ese hombre se lo impida a sí mismo. Si un hombre desea verdaderamente escribir, lo hará. El rechazo y el ridículo no harán más que fortalecerle. Y cuanto más tiempo se le reprima, más fuerte se hará, como una masa de agua que se acumula contra una presa. No hay derrota posible en la escritura; hará que rían los dedos de tus pies mientras duermes; te hará dar zancadas de tigre; te encenderá los ojos y te pondrá cara a cara con la Muerte. Morirás como un luchador, serás honrado en el infierno. La suerte de la palabra. Ve con ella, envíala. Sé el payaso en la Oscuridad. Es divertido. Es divertido. Otra línea más…"





Charles Bukowski, El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Cada minuto empieza el otoño.

Me gustan las luces de otoño en un metro al aire libre. El sol pálido en la cara, su frio en mi nariz roja. Inspirar aire helado. Expirar vaho.

Me gusta oír un violín en el vagón de al lado, y ver árboles semidesnudos y llorosos.

Melancolía en carreteras muertas, tierra yerta, tierra fría, mil tonos tapizando el suelo en colores de calor: los colores son mentira.

Engaños de noches solas pintan ojos que me mienten. Ojos de tonos invierno, miradas con propietario. Vuelven las orugas como con cada diciembre y algún día serán mariposas si las dejo.

Soy yo misma una oruga, una larva de libélula, yo soy un patito feo.



Puedo más de lo que creo y a veces me siento fuerte. Me ayudas sin que pueda verte. Hablas con la lengua de otros. Otros.

¿Otros vendrán que bueno le harán? Eso no posible es.


Que no mire las estrellas porque le importe más la tierra, que se crea dios del mundo. Insensible. Lo que yo finjo ser.

Está claro quién es la tonta.

Aún no he superado ese 17 de diciembre ni ese 27 de julio… Son como mis cumpleaños así que los recuerdo con mi extraño don. En invierno o en verano. Máximo común divisor: los nudos del pelo alborotado, los de manos entrelazadas, los nudos del alma que no se deshacen y con los que luego te tropiezas.

Otoño y sus luces.  Los buses, que llegan pronto. Los besos, que llegan tarde. A esperar toca, toma asiento.


El último dueño de mi sístole, el último dueño de mi diástole, una vez me preguntó cuándo me amargué. “No lo sé”, y me creció la nariz. Fue el 8 del febrero más largo de la Historia.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Cíclica. Cíclica es la vida.

"Un jarrón le da forma al vacío. La música, al silencio".

Silencio. Yo también soy alfarera de silencios. Me gusta delimitar verdades con fronteras vacías y con mentiras, y éstas con torrentes de palabras absurdas que no vienen a cuento.

Cuento: 1, 2, 3, 4...  Cuento, cuentas y no paras... Cuenta, cuéntame de ti, que en realidad una persona es su pasado más lo que ha hecho con él, cuéntame, cuéntame cómo eras, que el cómo eres ya me lo sé.

, sí, pero poco y de poco, y sin bases no hay opiniones, no puedo hablar de lo que no he vivido aunque a veces no quede otra...

Otra, otra, otra ¿y si...? No creo... ¿Yo? No, nunca, wild, wild-e, ¡Wilde!, ¡mi escritor favorito!, era wild, vivía de impulsos.

Impulsos. Yo también soy alfarera de mis impulsos, me gusta retenerlos con la razón, delimitarlos con silencios y torrentes de palabras absurdas que nunca, nunca vienen a cuento.

Cuento, cuento los minutos para volver a verte, pero no es cosa de tiempo sino de distancia. Ya lo sé.

que la vida es cíclica, que todo lo que sube, baja; sé que la alegría de hoy será la pena de mañana, que los sentimientos son una montaña rusa; sé que la evolución existe y sé que mis ojos son marrones y los tuyos, color vida.

Vida. La vida es ciclica.


martes, 13 de diciembre de 2011

Pisando charcos tampoco.

Defender que o andamos con alguna dirección o no llegamos a ninguna parte. Y, en realidad, pisoteando charcos tampoco.












Pero si no sabes a dónde quieres ir, ¿qué más da perder el tiempo?










domingo, 11 de diciembre de 2011

Un tonto por ciento menos de beneficio.

Llevo a mis espaldas un campo de batalla lleno de faltas de ortografía y conversaciones sin terminar.

Llevo una mochila con sentencias a muerte, catástrofes nucleares y tonterías a medio decir rotas por explosiones de carcajadas.

Dejo detrás al andar un reguero de trocitos de personalidad cristalizados. Cada vez tengo menos.

Llevo algún momento de lágrimas a escondidas y varios ceros en terreno cardiaco, una Duracell gastada y un Oasis hecho poquito a poco para escaparse en casos de emergencia.

Llevo una revolución hecha en la cama, a base de gritos de guerra y cosquillas en los pies.

Llevo paquetes de miradas de soslayo que Correos me ha devuelto porque el destinatario era erróneo; “desde los cielos lucharon las estrellas” y al final las mariposas de mi estómago se licuaron; seguro que si digo “¡AÚN NO TE HE OLVIDADO!” más de uno se da por aludido.

Llevo intentos de suicidio con asesinato de regalo y alguna flor mal recibida, cartas escritas por tontos y tontos por ciento de los que me he librado, gracias a Dios.

Tengo rizos envolventes y etapas de cuasiobligado pelo liso: “me gustas siempre pero más así” es una frase enraizada en la mentira y no hay nada que cambie eso.

Tenía una picadura de mosquito (que es un díptero) y pinceladas de espejismos, una mariposa entre dos cristales y su polvo mágico perdido en un bote para cuando sea mayor y quiera ser pequeña. Tal vez lo use mañana.

Tuve un dios que se cayó de la cama y me quedé sola, y un ídolo como el del éxodo, un becerro de oro que en realidad no era más que un cerdo. Un sonido de violines introdujo el final de la obra…

Leí una vez que hay un punto en el que todo empieza. Digo yo que bien podría haber sido un punto y aparte en su vida anterior; los comas de los que he salido no han sido fáciles de superar y aún sigo viva, qué importa que sea en estado vegetativo.

Ahora la pregunta clave es por qué siempre escribo de espaldas, sin mirar hacia adelante, solo hacia atrás,  como condenada a vagar entre brumas. 

¿Una última ronda para Lady Drama?


sábado, 10 de diciembre de 2011

Él aulló, ella huyó.

Esto era un tíovivo. Era el tren de la bruja. Antes de entrar, daban un globo, y por eso me senté en el coche. Una vez montada, me daban con un martillo de goma en la cabeza, me echaban agua pulverizada.


 Y yo me asustaba. 

Yo... Bueno, yo no necesitaba pasar miedo. Y en los tíovivos no se llega a ningún sitio.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Soy la Luna.

Envidio.

Envidio a quien es feliz hasta bocabajo. Envidio a quien es independiente. A quien no pregunta y a quien no contesta.

Envidio a quien no lleva máscaras ni caretas, a quien no se disfraza, a quien es interesante, a quien va rápido y a quien va despacio, porque quieren.

Impúlsame si me quedo atrás, soy demasiado lenta, y me falta un trozo de mi. Soy demasiado lenta en buscar y en encontrar, en resolver acertijos, temo no averiguar nunca dónde se esconde. Me veo en 20 años entre cuatro paredes, inventándome amigos, familia y, ¿por qué no?,  hasta novio, y proyectando lo que nunca tendré sobre los muros blancos, que me rodearán, que me asfixiarán, y surgirá entre zumbidos un cartel de neón brillante y fosforescente, que rezará: 








Tengo miedo a estar sola, y envidio a los valientes, y a los sordos, a los que las palabras no hieren.

Envidio a la noche porque no le pasa nada si se despista, y porque va con un vestido largo de color negro, lleno de estrellas, y porque el negro adelgaza.

Envidio al Sol que brilla y da calor, y te toca, porque yo soy fría como la Luna, porque tengo, como ella, una cara oculta, porque pocos me han tocado y han dejado huella, porque ellos nunca me van a olvidar aunque lo intenten.

Porque ambas parecemos estáticas, pero ambas nos movemos. Porque soy una peonza, que giiiira, que giiiiira alrededor del mundo, que me atrae irremediablemente por mucho que intente alejarme de él y ser diferente. Soy solo un satélite que se cree distinto por vestir de plata, por no formar parte del mundo aunque no sea más que un espejismo.

Pagaría porque me viérais de espaldas. Porque me viérais sin mi disfraz. Porque os gustara.

Siempre he tenido miedo a no gustar, y vergüenza de mi misma. Necesito agradar, debo agradar, debo ponerme la mordaza de siempre en la boca. Si no lo hago, vomito insultos y borderías. Vomito la mierda que llevo dentro, que es bastante. 


 Si vomito, no gusto. Y necesito gustar porque tengo miedo a estar sola, y envidio a los valientes, y a los sordos, a los que las palabras no hieren.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Olvidadiza mente, ¡recuerda!

Me da mucho miedo saber que voy dejando trocitos de memoria por ahí.

Me dicen que es peligroso aferrarse a los recuerdos pero a mí me aterra perderlos. Así que los guardo en el corcho, en cajas, bolsillos, mares de fotos, banderas con y sin firmas, pegatinas, papelajos pintarrajeados y dibujos a medio hacer. Supongo que por eso a veces escribo ciertas cosas, para no olvidarlas.

Otras veces no lo planeo, en la calle me agreden imágenes que creía eliminadas, y sonrío, y canto canciones, y me convierto en uno de esos locos que hablan solos por la calle y a veces te paran. Aparecen motu proprio, nítidas, como invocadas por una canción, un olor, una palabra, una extraña asociación de ideas accionada por un interruptor en mi cabeza.


Los mejores recuerdos son los que guardamos dentro porque los demás hay veces que no sirven como interruptor, y te ves a ti misma intentando descifrar un papel roto, una notita de clase, que no te produce más sensaciones que el vacío y la decepción por la memoria perdida.

Si el recuerdo es muy importante, tus ojos lo pintan de nuevo. A algunos les tengo cariño especial, como cuando nacieron mis hermanos, o mi primer día de colegio, o mirar la lámpara de la habitación de mis padres por no poderme dormir. Intento envolver estos con papel de burbujas para que no se deterioren. Y cuando los redescubro me llena una sensación bruja, como cuando oyes tu canción favorita después de mucho tiempo.

He oído que las cosas que almacenamos son las que nos marcan, las que nos sacuden, pero a mi muchas veces me faltan cosas y tengo otras mil inútiles que ocupan mucho espacio.

¿Te imaginas elegir qué recordar?

Yo cambiaría el pin de mi móvil por la sensación de  aprobar matemáticas, y la fórmula del ortofosfórico si me retornaran el apellido de Pedro, el rubito de clase de Sor Valen.

...Dejemonos de condicionales, que estamos hechos de otra pasta.

Yo cambiaré el pin de mi móvil por la sensación de  aprobar matemáticas, y la fórmula del ortofosfórico si me retornan el apellido de Pedro, el rubito de clase de Sor Valen.

Yo olvidaré dónde está la caja secreta si recuerdo el título de esa canción, y olvidaré las conversaciones sobre estudios si alguien me hace recordar por qué nos reimos tanto esa vez. No sabré ya dónde vivo, ni la marca de zumo de melocotón que adoro, pero a cambio me acordaré del escalofrío de su mirada, de ese atardecer en O Cebreiro que me hizo renacer. De la primera vez que vi nevar coincidiendo con el día de mi cumpleaños. Y de los fuegos artificiales con 7 años, y de todas las bromas, de todas las noches, de todas las estrellas, de todas las Vías Lácteas, de todas las canciones y de todos los poemas.

Rebusco en los cajones a ver si encuentro ese recuerdo que se diluye y me angustia, y casi lloro y me hace sufrir por ver borrosas las caras de mis mejores amigos de la infancia.

Debería haber una oficina de recuerdos perdidos.

No hay como los recuerdos antiguos para desear formar nuevos, y cada día estoy más segura.
 

sábado, 3 de diciembre de 2011

La Teoría de la Reina Roja

Alicia miró alrededor suyo con gran sorpresa.

-Pero ¿cómo? ¡Si parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que antes!

-¡Pues claro que sí! -convino la Reina-. Y, ¿cómo si no?

-Bueno, lo que es en mi país -aclaró Alicia, jadeando aún bastante,- cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte...

-¡Un país bastante lento! -replicó la Reina-. Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido.

«Para un sistema evolutivo, la mejora continua es necesaria para sólo mantener su ajuste a los sistemas con los que está coevolucionando»