¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

martes, 27 de diciembre de 2011

Aurea Mediocritas


De cuando una mezcla de cosas mediocres da lugar a algo extraordinario. (Ionut Florin, 2011)

 Amanece en Camden Town. El cielo madura al tiempo que un pájaro en movimiento presta sus alas al sol. Le ruborizamos. Abro el periódico y leo. Esto es un mundo de locos, pienso, y en el vagón de al lado, un pirado haciendo “beeh”. Se cree cabra, es una cabra, y yo me cansé hace tiempo de educar ovejas negras.

 
Grosera melodía que continúa noche y día haciendo de lo malo, bien, y tergiversando palabras del color de las hormigas, del corazón de la Soqui, del color de las semillas de amapola (Mac), y del color de mi pelo negro, o más bien marrón oscuro… Todo es verdad, lo juro, que aunque yo ya esté bien siempre vuelves a aparecer en lo extraño de mis sueños…  Dejemos de hablar de eso, que parece que porque me tiña la cara de verde ya soy la bruja del Oeste.

Viví al Oeste, hasta que me harté de verte bien. Es que tengo astigmatismo, miopía, hipermetropía y todo lo que se puede tener. No, ya no te veo nada bien.

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