¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

sábado, 7 de enero de 2012

Acrofobia, filofobia, algofobia.


“La descoordinación entre el ritmo al que suceden las cosas y el que tú necesitas para asimilarlas es el único origen de tus problemas”.

Ya lo he decidido. Hoy, ahora, mientras escribo esto. Corto por lo sano. No más debilidades, no más intentos ni fallos. No más cicatrices, ya no quiero más, por muy atractivas que sean, ¡soy tan rara!, me estoy pasando de rosca y no me gusta pasarme porque la virtud está en el medio. Soy un poco aristotélica, solo un poco. Soy bipolar, y lo odio. Soy bipolar, y me encanta el número dos.

Ojalá fuera apolar, ojalá fuera simple. Ojalá entendiera que hay unos límites para todo, aunque se vean borrosos, aunque se vean diluidos. Aunque la línea esté pintada con lápiz acuarelable y yo llegue y vierta mi agua sobre ella porque sí, porque a mi me apetece, sin pensar en las consecuencias. Ojalá controlara. Si controlara…

¡¡Nada de subjuntivos!! ¡¡Estoy hecha de otra pasta!!

¡Yo controlo!, siempre he controlado lo que me ha dado la gana, y esta función no va a ser distinta aunque que cambien los personajes, porque el guion será el mismo, y no me gusta un pelo. Para algo soy la directora, la productora. Y si no lo soy, como si lo fuera, porque el que soy la protagonista de mi película es un hecho más que indiscutible, y es de las protagonistas de quien nos acordamos luego.

Chep. Mañana, tras lavármelo, me alisaré el pelo, hasta que aguantemos ambos. A ver cuánto. Aunque no sé. Los Mañanas tienen su forma de caerse por la mitad.


Tú impasible, como St Paul.

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Abre tu baúl de los recuerdos.