¿Yo? Yo es que busco el “ahora”. Busco el “ya”, busco el futuro inmediato y lo pierdo al proyectarlo en un presente baldío.
Y pierdo los Mañanas porque cuando se convierten en Hoys no los reconozco. En realidad, lo único que distingo son los Ayeres, y los guardo en forma de recuerdos, solo recuerdos, pero aun así…
Yo es que soy un fuego artificial. Me consumo rápido, tremendamente rápido, quizás exageradamente rápido pero siempre injusta e inevitablemente rápido. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, paso de estar en el suelo a surcar el cielo, y allí, en un segundo parpadeo, estallo,
¡KABÚM KABÚM! ¡POP, POP!,
y caigo, y lo cubro todo, y desaparezco.
En menos de tres pestañeos...
¡PESTAÑEA!,
y no me verás.
Soy de esos fuegos artificiales que parecen de purpurina. No de los de colores, ¡son tan vulgares…! De esos que son dorados, como burbujitas de Freixenet, que se desparraman por todo el cielo, como inmensas arañas, como la harina, que lo mancha todo, como la nieve, como gigantes espelusas, porque son enormes, y todos decimos “OOOOOOOOOOH”, pero que se apagan antes que cualquier otro.
O a lo mejor soy una girándula, o solo una bengala.
Bueno, o un simple petardo.
No sé, ya casi no diferencio el negro del blanco. En ocasiones repito las mentiras tantas veces que se me hacen verdades-verdaderas, y o bien no me creo nada de lo que me digo o me lo creo todo, una de dos. Aprendí a mentir tan bien… Es una especie de boomerang, es una navaja de doble filo, es una cuerda floja. Es una especie de ley extraña y hecha a la medida de una Espequeña, tan insegura como inmadura, insensata y todos los “in” que haya.
Todo eso está tan lejos. Y todo eso está tan cerca. A veces me cuesta reconocerme en los escritos de entonces; a veces me cuesta distinguirnos.
Los días pasan ahogados en una especie de certeza de que los estoy perdiendo.
- Carpe diem-, me susurra Robin Williams al oído.- El Club de los Poetas Muertos va a ser fundado por la primera Niña Perdida.
Wendy va a envidiarme tanto…
Un día de estos meteré la cabeza en un barreño con agua, abriré los ojos y me veré como soy, y, lo que es mejor, me querré, nos querré a todos, y eso hará que todos me queramos, y no habrá ninguna necesidad de disfrazarse, de, como diría JM.S., “ir de auténtica”, porque seré auténtica toda yo, no tomaré los gestos de nadie, ni la forma de hablar de nadie, ni me peinaré como nadie, estaré completamente desnuda (o, como en mis sueños, solo con un vestido verde y braguitas blancas, y una cruz roja al cuello. El verde y el rojo son los colores de Amélie), y cuando quiera volaré “por encima de los edificios grises y rojos de Madrid”. Esto ya lo he vivido. O solo lo he soñado….
En fin.
Justo ahora, oigo algo que suena como un suspiro, y estoy sola.
![]() |
| Este es mucho mejor que yo. |


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Abre tu baúl de los recuerdos.