Suicídame las ganas de ganarte
que las apuestas van tres mil a uno
y no me queda guita para darte
y ya no encuentro el verso inoportuno:
que si te toca logra enamorarte,
que te inunda el alma como ninguno,
que lo niega todo (aunque sólo en parte),
que divide en dos la nada de alguno.
Sin cortar la baraja, y sin descarte,
con la intención de perder y de robarte
me apuesto entero el siglo veintiuno,
la fe de erratas, el “juntos y aparte”,
las cartas que no sé dónde enviarte,
la cerveza, el "sí, sí", el desayuno.
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Abre tu baúl de los recuerdos.