¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

miércoles, 18 de enero de 2012

¿Por qué Bogo?



Me gusta cómo eres.

Me gusta cómo soy contigo.

Contigo me desnudo, casi del todo, casi no tengo armaduras ni más distancia que la física, que es casi, casi, la que menos importancia tiene.

Contigo me río de todo.
 
Contigo hablo de todo.
 
Contigo hablo y no me cuesta callarme, contigo escucho sin fingir interés, contigo comparto… ¡Contigo soy egoísta y generosa!, porque te quiero solo para mi y a la vez ¿cómo no mostrar al mundo esto tan estupendo que tengo que eres tú?, aunque solo sea por darles envidia. Me encanta dar envidieja sana.

Contigo lloro.

Contigo leo, estudio, veo pelis.

Contigo, gracias a ti.

Me gusta cómo eres, me gusta cómo soy contigo.

 ¿ “Contigo” no debería implicar presencia 

Contigo… He escrito tantas veces esa palabra que ya no la reconozco.

Contigo.

C O N T I G O .

C
O
N

T
I
G
O

¿Quién mierdas es Tigo, y qué hace apareciendo en mi blog? “Tigo” suena a “Bogo”, ¡¡y acabamos en las mismas!!

Yo siempre te pregunto: “¿por qué Bogo?” y nunca me acuerdo de la respuesta, me pierdo en tonterías… Maldita sea, contigo me río por nada.

Sin ti lloro por nada. Sin ti lloro por todo.

Lo cambiaría todo si encontrara el ticket de compra.

Vendrías tú. Yo devolvería cinco mil P, ochocientos millones de ababoles, cuatrocientos guepardos, dosmil Emmas.

Te cambiaría por treinta mil zarzos, por tooodas las princesas de hielo del mundo, por pardos, por hibridaciones, por rayos y tormentas, por guerras y guerreros, por pastores, ovejas y peñas, por bollos industriales, por millones de Predestinaciones y azafranes, por brujas Elvirujas, por pozos, por Xoseres, por plásmidos recombinantes, por algas y gamarras, por negros Mazimpakas, por Jesús, por percebeiros, por truchas muertas y por mariposas entre placas de cristal...

Ojalá fuéramos mariposas, nuestra vida sería corta pero seríamos completamente preciosas y estaríamos siempre juntas, yo en tulipanes y tú en margaritas, ¡y entrando y saliendo de Tierra porque allí estaríamos tan a gusto, porque huele a frescor…!

Ojalá tuviéramos doce años, es una buena edad para hacer Amigos. Es una buena edad para conocer gente genial.

Los recreos serían estupendos... Aunque nos caeríamos muchísimo. Llevaríamos uniforme, claro, para no pensar qué ponernos, y al tropezar se nos romperían los leotardos a las dos y los bajos de la falda, no sería yo la única patosa, y sería estupendo jugar contigo en los columpios y saltar a la comba, y enredarnos en la cuerda y caernos, ¡¡no sería yo la única patosa!!, y nos ayudaríamos a levantarnos. Al reírme yo te daría derecho a reírte de mí.

Ojalá fuéramos las dos veterinarias, nos sumergiríamos en perruchos muertos y aunque yo me muriera de asco, tú estarías contentísima siempre!!; iríamos los fines de semana a tu casa en Ainsa y yo me moriría del gusto viendo los Pirineos, sería Una con las montañas porque son verdes, y yo soy Esperanza, y ¡¡no me necesitaríamos!!, porque lo tendríamos todo, solo nos faltaría un buen  estilete  José Ramón Ares.

Haríamos juntas prácticas y exámenes. Yo siempre fingiría que me lo sé todo, le quitaría importancia, pero me estaría cagando viva por dentro y  cruzaría los dedos para que mi supuesta seguridad te transmitiera conocimientos a ti, y tú te lo sabrías todo y me dejarías mirarte en los exámenes, ¡y nunca nos pillarían!, y sacaríamos las mismas notas y nunca nos picaríamos por estas tonterías.

Cuántos condicionales. Odio los condicionales porque implican altas ilusiones y baja probabilidad.

Pero yo… ¡¡Yo soy Esperanza!!, y cada vez me gusta más mi nombre.

Y tu nombre original, ese que tú y yo y no mucha gente sabe, ese que Papá Jiménez te puso y luego cambió, significa Paz.

Nos complementamos demasiado bien, por eso estamos tan lejos, ¡¡seríamos una bomba de relojería!!, y mucha gente lo pasaría mal envidiándonos…

En fin, adiós, Darwin y Lamarck, ¿qué más da de quién venimos?, si yo sola no voy a ninguna parte.

Paz y Esperanza para todos.

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