¡Las palabras! ¡Las simples palabras! ¡Qué terribles son! ¡Qué límpidas, qué vivas y qué crueles! Quisiera uno huirlas... Y, sin embargo, ¡qué sutil magia hay en ellas! Parecen comunicar una forma plástica a cosas informes.

Oscar Wilde

viernes, 27 de enero de 2012

CERO BORRACHERAS.

 
Ella me gritaba ruidosamente al oído todos los sueños sórdidos de su vida. Empezó a gustarme, no porque fuera una buena persona, sino porque mostraba entusiasmo hacia las cosas. Y me hubiera gustado conocer toda su vida primitiva y qué coño había estado haciendo todos estos años, además de reír y gritar de aquel modo.

Yo traté de contarle lo que significaba para mí, pero nada, ella me dio unas palmadas en la espalda y bostezó, y dijo que era el chico más divertido del mundo. 

Le dije que no bostezara. Intenté hablarle de lo emocionado que me sentía de estar vivo; ella me habló de la cantidad de cosas que podríamos hacer juntos: me decía esto y pensaba marcharse dentro de un par de días. Me aparté molesto. Quedamos tumbados de espaldas mirando al techo y preguntándonos qué se había propuesto Dios al hacer un mundo tan triste.

Al final se lo perdoné todo a todos, me dejé ir, me emborraché. Me puse a hablar de la luna y de las flores.

- ¡Feliz Año Nuevo, amigo! 

Y no estaba borracho de alcohol, solo borracho de lo que me gustaba: montones de gente. Al principio uno se emborracha con la altura, luego te cansas y sientes una especie de fiebre en el alma.

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