Odio los sentimientos encontrados
y los que no son correspondidos,
odio que amanezca sin yo haber anochecido
y odio dormirme tras haber llorado.
Odio a quien no busca lo desconocido,
no soporto las ideas en conserva
ni sentirme cada día algo más vieja…
Odio tener abrazos reprimidos.
Odio las lilas, y su indiferencia,
que florecen sobre el sueño aletargado
de quien murió, cobarde o bravo,
y yace alimentando la maleza.
Odio no recordar lo que he olvidado,
y olvidar más de lo que quiero,
y que me invadan por la noche los recuerdos
de algo que debió estar enterrado.
No aguanto vagar errante por los cerros
de mi pobre corazón, que está oxidado;
odio que mis besos estén muertos.
Odio disfrazarme cuando hablo,
odio que me den un guion ya escrito,
odio encontrar mis versos ciertos,
y odio beber la vida poco y a poquitos.
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Abre tu baúl de los recuerdos.